La vocación: llamado de Dios

la vocación: llamado de Dios

¿Cómo llama Dios?

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres.» (Mt. 4, 18-19) , la vocación es un llamado de Dios.

Pedro y Andrés escucharon ese llamado y siguieron a Jesús, así sus vidas cambiaron totalmente. Hasta ese momento habían acudido hasta ese gran lago al que llamaban mar una y otra vez, uno y otro día, para conseguir su sustento, en busca de peces. Cuando el Señor llega hasta ellos comienzan a recorrer todo Israel junto a Él, compartiendo las caminatas del mediodía y las noches al raso. Cenando alrededor de una fogata o siendo invitados a una casa. No comprendían bien el camino que Jesús seguía pero se iban haciendo cada vez más sus amigos. También ayudaban al Señor a predicar el Reino, precediéndolo en los pueblos a los que Él iba.

Así lo hicieron durante tres años intensísimos acompañando a Jesús en su vida pública y de esta manera vivieron toda su vida hasta que el Señor vino a buscarlos para llevarlos consigo. Pero después de su Ascensión el seguimiento de Jesús se elevó hasta el trono donde está sentado a la derecha de Dios, mediante la Eucaristía y la oración; fue aquí donde la predicación del Reino se extendió hasta el Mar Negro y los confines del Mediterráneo.

Los llamó cuando estaban con sus redes junto al lago de Galilea… del mismo modo llamó a los sacerdotes que hoy viven el seguimiento del Señor y la predicación del Evangelio. Los encontró de una u otra manera en las cosas de la tierra y los convocó a trabajar por las cosas de arriba. Ellos tampoco comprendían bien por dónde deberían acompañar a Jesús, pero sintieron que Él los llamaba a compartir su vida, a seguirlo por donde los llevara para irse haciendo sus amigos.

Sintieron que Jesús los llamaba para que le ayuden a rescatar a los hombres de los lazos del pecado y de la muerte, también que Jesús les pedía que llevaran su luz hasta los corazones más tristes y abandonados.

¿Cómo se escucha este llamado?

En primer lugar debés encontrarte con Jesús o mejor dejar que Él te encuentre. Tenés que permitirle acercarse hasta tu vida como cuando Pedro lo dejó subirse a su barca, que se acerque hasta tus miserias y pecados como cuando el ciego de nacimiento se dejó poner barro en los ojos, hasta tus búsquedas y anhelos como cuando el Bautista se los señaló a Juan y Andrés.

Dios no solamente te dice a dónde debés ir, también te lleva, lo único que pide es tu colaboración.

la vocación llamado de Dios

Escuchá su Palabra y tratá de comprenderla, llevala a la práctica. Cuidá a los tuyos y aprendé a servirlos, metete en tu habitación a rezar, leé los Evangelios y tratá de vivir profundamente los sacramentos. Para todo esto necesitás mucha paciencia, la vida cristiana es una nueva vida que ha sido sembrada en vos como una bellota y necesita del tiempo para llegar ser un roble fornido.

Gracias a este trabajo el Reino de los cielos va creciendo en tu interior y se va afinando tu oído espiritual. Como Jesús llega a vos, también llega su llamado si quiere que lo dejés todo para seguirlo.

No es un proyecto que venga de nosotros, ni depende de los dones o cualidades que tengamos. “Llamó a los que quiso” nos dice San Marcos. Hay algunos que quisieran ser llamados y no lo son, y otros que preferirían seguir tranquilamente su vida y sin embargo son elegidos.

¿Es que se te aparece un ángel? ¿O sentís voces?

De ninguna manera. Dios habla al corazón, es una especie de pensamiento o impulso que se siente en el interior, como una suave inclinación en la ladera de una colina que te hace tomar una dirección. Y como es otra voluntad la que te llama, muchas veces te pone contento y otras triste, dependiendo de si la aceptás y deseás o la negás y rechazás.

Conviene hablar con alguien experimentado en las cosas de Dios para que ayude a discernir los propios pensamientos de los que el Señor inspira, e incluso de aquéllos con los que el demonio turba y confunde. Hay que tener en claro que la voz de Dios se siente con el oído interior que el Espíritu Santo va formando en el cristiano.

No es por tu inteligencia, tampoco por tu esfuerzo que aprendés a escuchar, aunque sí es importante la atención. Hay que pedirle a Jesús que envíe a nuestra alma su Espíritu para que Él vaya guiando nuestros pensamientos y deseos. Que Él nos haga dóciles a las inspiraciones de lo alto. Aquí también ayuda mucho el ángel de la guarda, él es como el profesor particular de este idioma espiritual.

Rectificar la voluntad

Otra cosa que hay que hacer es rectificar la voluntad. Uno no ve lo que no quiere ver y puede haber un elefante a mi derecha que si yo miro a la izquierda no lo voy a ver… aunque termine aplastándome. En este discernimiento muchas veces la voluntad nos juega una mala pasada.

Como está apegada a sí misma y a sus proyectos cree que es siguiendo lo que a ella se le ha ocurrido como va a ser feliz, peor aún, cree que va realizarse si hace lo que tiene ganas. Aquí hay un engaño: yo no sé cuál es el camino que me completa y perfecciona, no se sabe ni siquiera quién es uno en el momento de la muerte, para conocer el sentido y la significación de mi vida debo esperar hasta encontrarme con Dios, debo esperar incluso hasta el juicio universal, donde se develará el derecho del bordado. Por lo tanto cuando pongo mi voluntad y mis deseos por encima de todo, de lo único que estoy seguro es de que me estoy equivocando.

Dios sí sabe dónde vas a ser feliz

Sólo Él puede conducirte por el camino que ha hecho para ti y que ha hecho para que caminándolo te vayas completando, definiendo, haciéndote conforme al inmenso plan de amor que Él ha pensado. Confiando en ese amor vas por donde Él te conduce, te dispones a lo que Él quiere. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo de cimos en el Padre Nuestro.

Este modo de obrar ahuyenta muchos fantasmas. Que tu vida va a ser triste, que tenés que dejar todos tus proyectos, que habrías hecho esto o aquello… Son todas ilusiones que nunca se dan del modo que uno las piensa. Lo que Dios quiere siempre es lo mejor, en esta vida y en la eterna.

Otro miedo es el de no poder… ¡claro que no se puede! si uno lo va a hacer con sus propias fuerzas. Dios no solamente te dice a dónde debés ir, también te lleva, lo único que pide es tu colaboración. ¿Cómo puede volar tan alto el barrilete? Es el viento el que lo lleva… y si Dios quiere remontar alto tu vida tiene el poder y el amor para hacerlo.

“Que sepa descubrir mi vocación y que la siga”, eso es lo que me nació pedir todas las noches cuando comenzó a iluminarse ese nuevo horizonte… y sigo pidiénlo aún.

Pbro. Lic. Juan Pablo Sancho

Encargado de la Pastoral Vocacional

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